G. Verdugo / J. Rodríguez | Al abrigo de la torre sur de la Plaza de España, justo detrás de la Subdelegación del Gobierno, se yergue un pequeño palacete flanqueado por dos torres de cúpula dorada. Es el antiguo pabellón de la Compañía Telefónica Nacional de España de la Exposición Iberoamericana de 1929. Casi un siglo después, sus entrañas albergan la Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube.

Después de décadas de abandono, el edificio de propiedad municipal fue rehabilitado mediante un convenio y se destinó a escuela de jardinería y todo lo relacionado con el medio ambiente bajo la titularidad de la Fundación Forja XXI. El primer curso se impartió en el año 2000 y este año, que cumple su 14º aniversario, pesa sobre él como una losa la amenaza de cierre.

Su director, José Manuel Rodríguez, explica que la escuela tiene dos frentes. El primero y más cotidiano y doméstico es el impago de las nóminas. “A los profesores y al personal se nos deben más de siete meses de sueldo —se queja—, es una situación insostenible a nivel personal y familiar”. El segundo y el peor es que la situación que atraviesa ahora mismo la Fundación no ofrece “seguridad de que la escuela pueda continuar el curso que viene y tenemos ante el horizonte su cierre”.

Afirma que han aguantado todo este tiempo “porque tenemos un trabajo muy vocacional y dedicado al centro; ninguno cree que esto pueda terminar y hemos tenido mucha paciencia en la espera de soluciones”. Han mantenido reuniones y planteado planes alternativos de viabilidad económica a nivel general sin resultado alguno. Los fondos con que se cubre casi toda la actividad de la escuela provienen de la Consejería de Educación, con la que tienen firmado un convenio. “Es decir —explica Rodríguez—, la Consejería de Educación está transfiriendo puntualmente el dinero, pero la Fundación Forja XXI tiene unas dificultades económicas por las que, aunque tenga esas transferencias, no alcanza a cubrir ahora mismo estas deudas”.

Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube de Sevilla

Según el director, “el entramado empresarial y profesional del sector, a nivel andaluz y nacional, está a favor de la escuela y el propio personal y alumnado están resistiendo”. También existe “una comunidad de ex alumnos muy importante —buena parte de ellos insertos en el mundo profesional— que velan por su continuidad”. “Pero tenemos un punto flaco —insiste— que es la debilidad económica de la Fundación, que pende de un hilo a punto de romperse”.

“Forja XXI tiene un principio de caja única y en este aspecto no hay ninguna ilegalidad”, sostiene Rodríguez, y explica que lo que hace es “acreditar que se ha gastado el dinero en lo que debe, pero el manejo diario del dinero hace que ocurra esto”. Asegura que no es un problema de la administración sino de caja de la propia Fundación, “que puede que tenga su razón en débitos importantes de entidades que no le hayan pagado una transferencia concreta, además de una mala gestión”.

La Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube es un centro pequeño dedicado a la enseñanza reglada de FP. Ofrece un grado medio y otro superior y cuenta con una plantilla de diez personas, entre profesores y personal, para atender a una comunidad educativa formada por 120 alumnos. Desde que se puso en marcha, de sus aulas han salido 13 promociones y unos 400 profesionales con un nivel de cualificación “muy alto, algo reconocido en este ámbito”.

Durante sus 14 años de historia han realizado labores como las prácticas en el Parque de María Luisa y su entorno, el mantenimiento de los jardines delanteros del Parlamento de Andalucía y los del Palacio Arzobispal y el Patio de los Naranjos. “Parece una cosa muy sencilla pero esos naranjos tienen una gran complejidad”, defiende su director. Además se han encargado de la restauración y rehabilitación completa del antiguo Parque Blancanieves, que “ahora mismo está disponible para visitas controladas para aprender sobre plantas y cuenta con más de 400 especies diferentes y muchos recursos didácticos”.

En la actualidad, desde hace un par de años y debido a la crisis económica, La Fundación ha tenido un repliegue en todos sus proyectos. “Eso también ha significado que nosotros nos hemos replegado”, cuenta Rodríguez. Están trabajando en la apertura al público de dicho parque, con personas destinadas a conservación y mantenimiento y también para la actividad educadora. Además, continúan con el mantenimiento de todos los jardines y zonas que tienen asignados.

“Lo que ocurre es que, en esta situación difícil, no nos atrevemos a poner en marcha proyectos de envergadura porque no sabemos si la escuela va a continuar”, lamenta el director. “La potencialidad del centro es muy grande y estamos acreditados a nivel internacional, porque estamos en muchos foros, y si se cierra el centro se cierran muchas oportunidades”.

Cuando se le insinúa si no hay posibilidad de un acuerdo directo de la Consejería con la escuela, afirma que se ha abordado en diferentes ocasiones, pero “técnica y jurídicamente es imposible, porque no pueden asumir la absorción del personal, aunque el dinero está ahí y no hay inconveniente; de hecho la Junta ya ha mostrado su interés en que la escuela continúe, porque están muy contentos”.

Rodríguez afirma que ahora la pelota está en el tejado del Patronato de la Fundación, que tiene que ser capaz de articular un plan inmediato y viable para darle solución al pago de los salarios de los trabajadores y establecer una hoja de ruta clara “para sacar a la escuela del atolladero en el que está para que el año que viene podamos volver a abrir”.

El Patronato de la Fundación está integrado por 19 miembros a título individual. No forma parte del Patronato ninguna entidad por sí misma. “Pero sí es verdad —explica el director de la escuela— que buena parte de los patronos son personas relevantes del mundo institucional y empresarial: el presidente de Abengoa, Felipe Benjumea; el dueño de Persán, José Moya; el actual alcalde de Sevilla y la ex alcaldesa Soledad Becerril; los presidentes de Caja Granada, Unicaja o la Fundación Cajasol o la Consejera de Salud”. “Son patronos a título personal —continúa— y entre todos no han encontrado la manera de sacar esto adelante; si no se encuentra una solución nos vemos abocados a una huelga indefinida”.

Patio de la Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube de Sevilla

Ante la posibilidad de un cierre manifiesta sentir “una pena terrible”. “Aquí mucha gente hemos puesto mucho corazón durante 15 años y será una pena para la ciudad”, lamenta. Afirma que el centro es único en toda Andalucía, porque “es la única escuela que centraliza FP de todo tipo —continua, educacional, reglada, de posgrado, universitaria, para aficionados— de jardinería y paisajismo urbano”. “Sería una lástima que, una vez más en Andalucía y Sevilla, un proyecto que tiene solidez y un buen camino, representativo de que aquí también se hacen cosas importantes, se quede en nada”.

Además, la escuela siempre ha destacado como un excelente mecanismo para la inserción laboral de los alumnos. “Hasta hace tres años, prácticamente todos los alumnos que se matriculaban, terminaban sus estudios y querían insertarse encontraban empleo, sobre todo de título medio”, explica José Manuel Rodríguez. Añade que gran parte del personal que trabaja en las empresas del entorno de la ciudad de Sevilla son trabajadores que se han formado allí, como operarios o como técnicos.

“Tenemos rodaje de colaboración, nuestros alumnos hacen las prácticas en estas empresas y algunos se quedan”, añade. “Hay una dinámica que respetamos: damos una formación bastante acreditada y eso lo reconocen las empresas llamándonos todos los años para llevarse personal”. Otra razón de peso para mantener el centro abierto, en su opinión, es que “la comunicación entre formación y empleo se romperá si cierra la escuela”.

Un caso más de lo típico sevillano, lo peculiar. Se gastan cantidades ingentes de dinero público en restaurar monumentos sublimes rescatados a dentelladas de las garras del olvido y se ponen en manos de fundaciones o asociaciones de dudoso altruismo para gestionarlos. Es frecuente destinarlos a fines sociales y beneficiosos para el conjunto de la ciudad y que se les otorgue el nombre de algún sevillano ilustre.

El resultado final suele ser con demasiada frecuencia que se pierden para siempre por el desagüe de la inacción y la desidia y arrastran en su caída el caudal del dinero, el esfuerzo y la ilusión de toda una ciudad. Es el ejemplo más representativo de lo que Manuel Chaves Nogales denominó “sevillanismo de pandereta”.